Cicatrices.


La vida juega malas pasadas. Un día estás en tu casa, cenando con tus padres, con tu pareja, con tus hijos, con tu familia y al siguiente estás cenando en un centro social la noche de navidad.
-¿Puedo sentarme? -ni siquiera miro quien es, asiento con la cabeza y se sienta- Gracias.
Me quedo parado mirando el miserable plato de sopa y levanto la vista hacia aquella mujer. La miro sorprendido.
-Perdón... ¿Qué has dicho? -le pregunto sin dejar de mirarla, deja la cuchara y me mira sonriendo.
-Gracias, ¿por qué? 
-No es nada.. Es que por aquí no se oye mucho esa palabra, nada más.
Cogemos las cucharas y seguimos comiendo. Noto sus ojos clavados en mis muñecas. Bajo las mangas de mi chaqueta hasta tapar mis cicatrices. La miro y vuelve a mirar su plato.
-Las marcas son de hace mucho tiempo... 
-¿Intentabas suicidarte?
Dejo la cuchara otra vez en el plato y vuelvo a mirarla fijamente, ella sigue comiendo.
-No. Sólo intentaba llamar la atención de mis padres.
-Te comprendo.
La miro, incrédulo.
-Quizá no tenga cicatrices en las muñecas pero eso no significa que no las tenga en el alma.
Le suelto el brazo, se coloca la manga bien y seguimos comiendo en silencio.

1 comentario:

  1. És un dels relats més bons que t'he llegit! Genial, Sílvia. Petons nadalencs

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