A Roma con amor.

Felicidades. Sé que esto debía habértelo dicho a ti justo en tu cumpleaños y no ahora y aquí, lo sé. No me vi con ganas, ni con fuerzas. En lo respectivo a ti aún no soy tan fuerte. Y no debería, pero tampoco sentí que debiera hacerlo. Tú no lo hiciste, ¿por qué yo sí? Igual este gesto hubiera sido amable por mi parte o algo parecido. Pero tampoco siento que yo, precisamente yo, sea la que tiene que ser amable contigo... Al menos no todavía. Ahora me pregunto ¿en qué momento de nuestras vidas hemos pasado de ser todo aquello a ni si quiera felicitarnos por nuestros cumpleaños? ¿En qué nos hemos convertido? Dímelo, porque de verdad que no lo entiendo. Aún, después de dos años, sigo sin entenderlo. Después de todo, ¿ahora somos dos extrañas? Hoy que me siento desfallecer, hoy que descubro que tú serás mi Roma devastada por Nerón. Hoy que vuelves, en silencio y sin hacer ruido, es cuando más dueles. Las llamas cesarán y construiré una ciudad nueva, pero nunca una Roma como aquella.