''No me dejes, no me dejes... Por favor, V, no me dejes''. En la ambulancia le acariciaba la mano y le repetía una y otra vez ''no me dejes, por favor, vive por mí'' a mí me partía el alma verla suplicarle que viviese. Le puse la mano en el hombro pero ella no quería mi consuelo ni mi compasión. Al llegar no quiso separarse de ella ni un instante hasta que se la llevaron para hacerle un lavado de estómago. Le sugerí que se sentase pero no quiso. ''¿Por qué no viene conmigo a la salita de residentes? Estará más tranquila'', le dije, y sorprendentemente aceptó. Le ofrecí un vaso de agua. Y le pregunté si sabía porqué su pareja hubiese querido suicidarse y me contó que le habían diagnosticado un cáncer y se estaba dejando vencer. Entonces me extendió una nota: ''Iba a empezar a escribir con un hola, pero empezaré diciendo que lo siento. Lo siento porque voy a rendirme, soy incapaz de seguir luchando. Esta guerra no la puedo ganar. Lo siento. Siento tener que dejarte sola. Espero que puedas perdonarme algún día. Lo siento de verdad.
Te quiero,
V''.
Miró el vaso vacío. Un escalofrío recorrió su cuerpo y al instante un impulso que no pudo controlar. Sentí como se rompía en mil pedazos junto con el vaso. Quiso gritar, llorar, pero para su desgracia ya no podía. Se había quedado sin energías. Sin fuerzas. Me dijo que no se podía luchar más por aquellos que no querían que lucharan por ellos y que si había algo peor que la derrota era la impotencia de no haber podido hacer nada por vencer. Y tenía razón. ''Está estable y consciente'' le dije, se levantó y me dijo si podía ir a verla, la acompañé a la habitación. Caminaba nerviosa, temblorosa. Se quedó quieta en la puerta, observándola. Luego me miró y me preguntó por la salida, ''quizá te parezca mal y egoísta pero no puedo ver como se consume por miedo a luchar''.