Ser Jorah la envolvió entre sus brazos.
-Oh -fue lo único que logró decir Dany cuando la atrajo hacia sí y pegó sus labios a los de ella. Olía a sudor, a sal y a cuero, y los remaches de hierro de su jubón se le clavaban en los pechos desnudos mientras él la estrechaba contra su cuerpo. Una mano la sostenía por el hombro, y la otra había descendido por su espalda hasta casi el final. La boca de Dany se abrió para recibir la lengua de ser Jorah,  aunque ella no se lo había ordenado.
<<Me pincha con la barba -pensó-, pero su boca es dulce. -Los dothrakis no llevan barba, solo largos mostachos, y el único que la había besado antes era Khal Drogo-. No debería hacer eso. Soy su reina, no su hembra.>>
Fue un beso largo, aunque Dany no habría podido decir cuánto. Al terminar, ser Jorah la soltó, y ella dio un rápido paso atrás.
-Vos... No deberíais haber...
-No debería haber esperado tanto tiempo -terminó la frase por ella-. Debí haberos besado en Qarth, en Vaes Tolorro. Debí haberos besado en el desierto rojo, cada día y cada noche. Habéis nacido para que os bese, cada instante.
-Canción de Hielo y Fuego. Tormenta de espadas.-