Cicatrices.


La vida juega malas pasadas. Un día estás en tu casa, cenando con tus padres, con tu pareja, con tus hijos, con tu familia y al siguiente estás cenando en un centro social la noche de navidad.
-¿Puedo sentarme? -ni siquiera miro quien es, asiento con la cabeza y se sienta- Gracias.
Me quedo parado mirando el miserable plato de sopa y levanto la vista hacia aquella mujer. La miro sorprendido.
-Perdón... ¿Qué has dicho? -le pregunto sin dejar de mirarla, deja la cuchara y me mira sonriendo.
-Gracias, ¿por qué? 
-No es nada.. Es que por aquí no se oye mucho esa palabra, nada más.
Cogemos las cucharas y seguimos comiendo. Noto sus ojos clavados en mis muñecas. Bajo las mangas de mi chaqueta hasta tapar mis cicatrices. La miro y vuelve a mirar su plato.
-Las marcas son de hace mucho tiempo... 
-¿Intentabas suicidarte?
Dejo la cuchara otra vez en el plato y vuelvo a mirarla fijamente, ella sigue comiendo.
-No. Sólo intentaba llamar la atención de mis padres.
-Te comprendo.
La miro, incrédulo.
-Quizá no tenga cicatrices en las muñecas pero eso no significa que no las tenga en el alma.
Le suelto el brazo, se coloca la manga bien y seguimos comiendo en silencio.

El viaje definitivo.


...Y yo me iré. 
Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará de nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado.
Mi espíritu errará, nostálgico... 

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido....
Y se quedarán los pájaros cantando.
-Juan Ramón Jiménez-