Regina and Blanca.

-Lo siento mucho Regina, pero todo se arreglará. Tuvimos muchos altibajos antes de aprender a ser sinceras entre nosotras.
-Creo que la sinceridad no es nuestro problema.
-¿Y cuál crees que es?
-Robin. Yo fui una madrastra espantosa.
-Eso es agua pasada.
-¡No! Sí que lo fui. ¿Cómo conservaste la esperanza en esa época tan terrible?
-Primero murió mi madre, después mi padre. Me quedé sin nada. Me dí cuenta, cuando tú, la Reina Malvada, quería matarme. Comprendí que para sobrevivir no podía rendirme. Tú me enseñaste a tener fe. Tú fuiste quien me enseñó que la esperanza se elige.
-Creo que Hades se equivocó, Robin está en paz. Estaba aquí sentada pensando en los recién llegados, en su cobardía al esconderse para que sus historias no cobren vida y entonces he comprendido que eso, precisamente, es lo que yo solía hacer.
-No recuerdo que tu huyeras de nada.
-Sí, lo hice. Mi vida se detuvo y la única historia que oía era la que yo me contaba, la de que era la Reina Malvada hasta que al final olvidé lo más importante: mi vida nunca fue una sola historia, fueron muchas historias. Para algunos soy malvada, hice tanto daño que jamás podré repararlo. Para otros soy una heroína, he constatado mi fortaleza, mi capacidad para hacer cosas durísimas aunque pensara que no podría. Quiero empezar otra historia en la que no participe la Reina Malvada; y he decidido creer que dicha historia acabará mejor que mi última historia.


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Once upon a time... The evil queen.

-Regina, ¿estás bien? ¿Qué tiene?
-Por favor, si vas a intentar animarme no lo hagas.
-No lo haré porque sé que no puedo. Yo siento lo de antes; me preocupaba tanto tu reacción cuando vieras a Garfio que no te consolé por lo de Robin.
-¿Sabes por qué me enfadé tanto? Porque tienes razón. La Reina Malvada está dentro de mí, siempre intentando salir. No espero que lo comprendas.
-Luché con la oscuridad, así que lo entiendo muy bien.
-Con todo el respeto, no lo entiendes. Llegaste al precipicio pero pudiste volver atrás antes de que te consumiera, a mí...me consumió. Y vivo con ello a diario.
-No puedo imaginar como es.
-Es agotador. Estoy siempre en guerra con mis instintos. Como con Garfio, mi primer impulso fue rebanarle el pescuezo porque no es justo que él sobreviva y Robin no, pero no lo hice porque ahora sé que eso está mal. Aunque la maldad me tiente no la escucho, así que hago el bien y es algo que odio.
-¿Odias hacer el bien?
-Sí. Es complicado. Ya sé que es lo correcto pero yo siempre salgo perdiendo. De todos modos sigo haciendo el bien y sigo sufriendo, pero sé que la Reina Malvada no puede volver. Así tiene que ser. Nunca estaré en paz conmigo misma.
-No es cierto. Te enamoraste de Robin y eras feliz.
-Y mira lo que ha pasado. Yo soy como soy e hice lo que hice. Hace muchos años tuve elección, Blancanieves contó un secreto y pude elegir perdonarla pero en vez de eso hice cosas horribles, cosas abominables, y eso siempre me atormentará. He intentado ser la heroína.
-Y lo has sido.
-Pero ya no importa. No hay redención para mí, sólo sufrimiento. Porque ahora tengo una maldición: distinguir la diferencia entre el bien o el mal y estoy atrapada en medio. Si cambio perderé a todos mis seres queridos. A Henry, mis amigos. A todos. Y si sigo intentando hacer el bien debo vivir con mi pasado oscuro y con todas sus merecidas consecuencias.
-Creo que no. Yo confío en ti.
-Eso es porque tú eres buena pero para mí la elección es sencilla: prefiero sufrir a ver sufrir a las personas que me importan. Ese es mi destino. Estoy atrapada.


 





Persona.

He estado pensando, Elisabet, y no creo que debas seguir en el hospital. Creo que es perjudicial. Como no quieres volver a casa, tú y la hermana Alma podéis ir a mi casa de la costa, ¿eh? ¿Crees que no lo entiendo? El sueño imposible de ser. No de parecer, sino de ser. Consciente en cada momento. Vigilante. Al mismo tiempo, el abismo entre lo que eres para los otros y para ti misma, el sentimiento de vértigo y el deseo constante de al menos, estar expuesta, de ser analizada, diseccionada, quizás incluso aniquilada
Cada palabra una mentira, cada gesto una falsedad, cada sonrisa una mueca. ¿Sucidarse? ¡Oh, no! Eso es horrible. Tú no harías eso. Pero puedes quedarte inmóvil y en silencio. Por lo menos así no mientes. Puedes encerrarte en ti misma, aislarte. Así no tendrás que desempeñar roles, ni poner caras ni falsos gestos. Piensas. Pero, ¿ves? La realidad es atravesada, tu escondite no es hermético. La vida se cuela por todas partes. Estás obligada a reaccionar. Nadie pregunta si es real o irreal, si tú eres verdadera o falsa. La pregunta sólo importa en el teatro. Y casi ni siquiera allí. Te entiendo, Elisabet. Entiendo que estés en silencio, que estés inmóvil, que hayas situado esta falta de voluntad en un sistema fantástico. Te entiendo y te admiro. Creo que deberías mantener este papel hasta que se agote, hasta que deje de ser interesante. Entonces podrás dejarlo. Igual que poco a poco fuiste dejando los demás papeles. 

Persona, 1966.

The Fall.

-¿Qué le ha pasado a tu cara?
-He tenido un accidente con mi coche. No, no ha sido así. Paul Spector me atacó. Yo tengo marcas como esas. 
-Enséñamelas.
-No puedo.
-¿Por qué?
-Las tengo en los muslos y en la planta de los pies. No quería que nadie supiera, ni las viera. Eran privadas.
-¿Por qué lo hiciste?
-Creo que por la misma razón que tú.
-¿Y cuál es la razón?
-Enfado.
-¿Por qué estabas enfadada?
-Por mi padre.
-¿Por qué?
-Murió.
-¿Cómo?
-Estaba enfermo.
-¿Cuántos años tenías?
-Catorce. 
-Mi padre se suicidó. 
-Creí que había tenido un accidente.
-Él eligió ir en moto. A pesar de que me preocupaba cada vez que él salía. Cada vez que volvía tarde a casa. Quería más a esa moto que a mí. Amaba más la velocidad que a su única hija. Yo no llamaría a eso un accidente. 
-¿Por eso estás arruinando tu vida? Sabes que no puedes hacerlo volver. No importa cuánto lo intentes. Pero no es así. Todos tenemos esa voz en la cabeza que nos dice que somos una decepción, que lo que hacemos es insignificante. Que no es suficiente. Que lleva mucho tiempo. Que es difícil. Pero cuando los tiempos son difíciles, necesitamos sueños difíciles. Pero sueños reales, no de mentira. No irreales como Paul. Tienes que pelear por ti misma, Katie porque en estos momentos estás en peligro. Todos necesitamos amor. Y todos necesitamos que nos protejan. Hay demasiada muerte y destrucción. Pero los amigos que te quieren deberían darte calor como el sol. Hacerte sentir bien contigo mismo. No congelarte en su desprecio y en su odio. La ira corroe nuestra creencia de que algo bueno puede pasarnos. Paul ha sido destruido por su ira, su furia. Y tú, tú lastimaste a una amiga, para impresionarlo. Pero a él no le importa. Ni siquiera sabe que tú existes. Tú y yo fuimos muy amadas incluso si nuestros padres no pudieron estar a nuestro lado. Quizás ambas necesitamos ser abrazadas cuando nos afligimos, pero tiene que ser alguien que pueda sentir dolor por nuestro dolor, no disfrutarlo. No alguien que nos abandone


  
The fall 3x06
Entró en la habitación y ahí estaba ella, tirada en la cama, inerte, casi sin vida, y no pudo evitar recordar...
8 meses antes.
Mi mano recorría su espalda, sus ojos me miraban, mis labios sonreían.
-Tienes que luchar contra esto, V.
Apoyó su cabeza contra mi pecho.
-No quiero luchar, Helena, no quiero. No tengo miedo a la muerte, tengo miedo a vivir así. No quiero que me tengas que llevar a la quimio y ver como voy perdiendo el pelo cada día, no quiero que tengas que cambiar las sábanas porque ya no controle mis necesidades. No quiero que sufras viéndome así. Quiero acabar con todo antes de eso. Aún tenemos tiempo de vivir. Juntas. Sin preocupaciones. Vamos a Maui. O a Japón. O a Sydney. Pero no me pidas que haga algo que no quiero hacer, por favor.
Levantó la cabeza y me besó susurrando ''por favor''.
Se acercó a la cama y le cogió la mano. 
-V -le acarició la mano-, nunca debí dejarte sola. Lo siento. Me quedé sin energías, tenía miedo de perderte. Y ahora.. Ahora te pierdo por segunda vez. 



''No me dejes, no me dejes... Por favor, V, no me dejes''. En la ambulancia le acariciaba la mano y le repetía una y otra vez ''no me dejes, por favor, vive por mí'' a mí me partía el alma verla suplicarle que viviese. Le puse la mano en el hombro pero ella no quería mi consuelo ni mi compasión. Al llegar no quiso separarse de ella ni un instante hasta que se la llevaron para hacerle un lavado de estómago. Le sugerí que se sentase pero no quiso. ''¿Por qué no viene conmigo a la salita de residentes? Estará más tranquila'', le dije, y sorprendentemente aceptó. Le ofrecí un vaso de agua. Y le pregunté si sabía porqué su pareja hubiese querido suicidarse y me contó que le habían diagnosticado un cáncer y se estaba dejando vencer. Entonces me extendió una nota: ''Iba a empezar a escribir con un hola, pero empezaré diciendo que lo siento. Lo siento porque voy a rendirme, soy incapaz de seguir luchando. Esta guerra no la puedo ganar. Lo siento. Siento tener que dejarte sola. Espero que puedas perdonarme algún día. Lo siento de verdad.
Te quiero,
V''.
Miró el vaso vacío. Un escalofrío recorrió su cuerpo y al instante un impulso que no pudo controlar. Sentí como se rompía en mil pedazos junto con el vaso. Quiso gritar, llorar, pero para su desgracia ya no podía. Se había quedado sin energías. Sin fuerzas. Me dijo que no se podía luchar más por aquellos que no querían que lucharan por ellos y que si había algo peor que la derrota era la impotencia de no haber podido hacer nada por vencer. Y tenía razón. ''Está estable y consciente'' le dije, se levantó y me dijo si podía ir a verla, la acompañé a la habitación. Caminaba nerviosa, temblorosa. Se quedó quieta en la puerta, observándola. Luego me miró y me preguntó por la salida, ''quizá te parezca mal y egoísta pero no puedo ver como se consume por miedo a luchar''.

Salvador Espriu.

Els meus ulls ja no saben                                           Mis ojos ya no saben   
sinó contemplar dies                                               sino contemplar días
i sols perduts. Com sento                                        y soles perdidos. ¡Cómo siento
rodar velles tartanes                                                rodar viejas tartanas
pels rials de Sinera!                                                por las calles de Sinera!
Al meu record arriben                                            A mi recuerdo llegan
olors de mar vetllada                                              olores de mar velada
per clars estius, Perdura                                         por claros estíos. Perdura
en els meus dits la rosa                                          en mis dedos la rosa
que vaig collir. I als llavis,                                     que cogí. Y en los labios,
oratge, foc, paraules                                               tormenta, fuego, palabras
esdevingudes cendra.                                             convertidas en ceniza.

''T'he buscat per tot arreu. Per aquí, per allà, per cualsevol lloc. T'he buscat sota la pluja, t'he buscat al sol. Al fons dels boscos, als socs de les valls. A dalt de les muntanyes, a les ciutats més fosques, als carrers més foscos. T'he buscat al sud, al nord, a l'est, a l'oest. T'he buscat quan cavava la terra per enterrar-hi als meus amics morts. T'he buscat mirant el cel perque tu eres un ocell i, què hi ha que sigui més bonic que un ocell, que un ocell banyat pel sol? Què hi ha que estigui més sol que un ocell, que un ocell enmig de les tempestes duent a la fi del món el seu estrany destí? Pasi el que pasi t'estimaré sempre. Pasi el que pasi...sempre t'estimaré. Escolta! Aquesta carta l'escric amb la frescor del vespre sigues pacient més enllà del silenci hi ha la felicitat d'estar junts. No hi ha res més bonic que estar junts!'' 


JRJ

Trastorno.
Juan Ramón Jiménez.

Nunca creí que el albo lirio fuera
efémero también. Yo no sabía
que el odio alimentara la alegría.
¡Invierno, te llamaron primavera!

¿Por qué la estrella altiva y pura era
el seco nido de la noche umbría?
¿La paloma inmortal cómo encendía
corvo pico de ave carnicera?

Pues aquel manantial, con su negrura
enlutecía el mar por la mañana.
El ruiseñor pudo asustar al hombre.

Hablaba el niño con palabra impura,
el corazón era una gruta insana,
y la traición tenía un claro nombre.

Sueños.

Siempre hay tiempo para un sueño.
Siempre es tiempo de dejarse llevar
por una pasión que nos arrastre hasta el deseo.
Siempre es posible encontrar la fuerza
necesaria para alzar el vuelo y dirigirse hacia
lo alto.
Y es allí, y solo allí, en la altura, donde
podemos desplegar nuestras alas en toda su
extensión.
Solo allí, en lo más alto de nosotros mismos,
en lo más profundo de nuestras inquietudes, 
podemos separar los brazos, y volar.

Construcción de un sueño.
Dulce Chacón.